lunes, 15 de noviembre de 2010

Recordando a un amigo

Desafortunadamente la criminalidad en nuestro país va cobrando cada día más y más normalidad. Cuando en otros países es noticia, aquí los periódicos no desperdician su espacio contándonos sobre asaltos, robos de autos, y otros crimines de “menor envergadura”. Ahora hay muchos que ojean las páginas y ni siquiera las noticias sí incluidas llegan a acaparar su atención, es por esto que tal vez muchos de los lectores de mi blog puede que no hayan advertido una triste noticia que se encontraba en el periódico el día sabado 13 de noviembre. Yo no acostumbro ver el periódico, pero me encontraba esperando y lo empezé a hojear de atrás para adelante, buscando la sección deportiva, en vez de eso, encontré que el policía Armando Gradiz había sido asesinato por unos maleantes en un enfrentamiento de fuego cruzado.

En los 5 meses desde que volví de Finlandia, encontrar un policía en la calle, lejos de hacerme sentir seguro, sentía de miedo a repugnancia, pues desde que se dio el golpe de estado en junio de 2009, no han faltado las pruebas de la bestialidad de muchos de los que integran esa institución. Policías que inflan el pecho cuando de golpear manifestantes desarmados se trata, pero que dejan el coraje y la fuerza atrás cuando de malhechores se trata. Armando era alguien diferente, no estoy diciendo que el único, pero el día jueves 11 de noviembre, Armando dejó su vida cumpliendo con el trabajo con el cual se comprometio hace 2 años cuando se graduó de policía, mi hermano, buen amigo de él, asistió a la ceremonia.

Pero el objetivo de esta entrada no es hablar de su muerte, los interesados pueden ver los periódicos del día sábado y enterarse, pero sí de dejar en claro, que a lo que a mí respecta, Armando Gradiz era una gran persona. Él trabajó en nuestra colonia como guardia de seguridad, esto hace más de 6 años, y desde entonces se entabló una bonita amistad. Nunca perdimos contacto con él. Eran constantes las visitas y regalos que daba él a nuestra familia y que tratábamos de devolver. Cada vez que él visitaba, era motivo de alegría en la casa. La última visita la hizo hace no más de dos meses, cuando llegó a la casa en su moto, junto a su compañero de trabajo. Preguntó por mi hermano, tenía la garganta con las réplicas de una tos, yo lo recibí, le dí la mano y le informé que él había salido pero que no tardaba en venir. Se fue en la dirección en la que él venía, y siendo mi hermano víctima de la misma repulsión contra la mayoria de policías, se asustó en un principio cuando lo vio acercarse aún sin haberlo reconocido, pues ya era de noche. Esa fue su última visita, y ya no volverá a venir otra vez.

Armando Gradiz dejó atrás un hijo, pero además, dejó buenas memorias en aquellos que como mi familia, tuvimos la suerte de haberlo conocido.

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